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Caso de estudio · Noviembre de 2026

Audité mi propio producto de accesibilidad. Esto encontré.

AxD nació como un prototipo hecho con ayuda de IA. Antes de mostrarlo, lo revisé con el mismo rigor con el que reviso el trabajo de un cliente: como producto y como sitio accesible.

Por Mapa Bianchi · 5 min de lectura

El punto de partida

La idea era clara: enseñar accesibilidad a quienes crean contenido, en español rioplatense y con la educación como puerta de entrada. El prototipo se veía prolijo y tenía cinco herramientas, seis guías y un glosario.

El problema de un producto de accesibilidad es que no alcanza con que se vea bien. Si enseña a evitar un error y lo comete, pierde toda credibilidad. Así que lo audité por fuera (recorriendo el sitio con teclado, inspeccionando el código y probando las herramientas con textos pensados para hacerlas fallar) y por dentro, en el código fuente.

Qué encontré

Funcionamiento

  • Los enlaces directos a cualquier página interna daban error 404: no se podía compartir una herramienta ni recargar la página.
  • Por un cambio de sintaxis en la librería de estilos, los colores personalizados no se aplicaban en ninguna página. No se notaba a simple vista.

Herramientas

  • El analizador de lenguaje aprobaba como «nivel óptimo» un texto lleno de jerga, siglas y voz pasiva: solo medía el largo de las oraciones.
  • La herramienta de contenido y redes era, en realidad, una guía sin análisis.
  • Dos de las cinco «herramientas» eran checklists que no devolvían ningún resultado.

Accesibilidad del propio sitio

  • El campo principal del analizador no tenía una etiqueta asociada.
  • Los resultados aparecían en pantalla pero no se anunciaban a lectores de pantalla.
  • Cinco enlaces decían lo mismo: «Abrir herramienta». Justo el error que el sitio enseña a evitar.
  • El título de la pestaña no cambiaba entre páginas y había dos títulos principales en la home.
  • El indicador de foco amarillo no llegaba al contraste mínimo sobre fondo blanco.

Contenido y credibilidad

  • Estadísticas sin fuente y cifras que se contradecían entre páginas (20 o 25 palabras, «1 de 4» o «1 de 5»).
  • Un texto de instrucciones de la IA quedó publicado, y el nombre anterior del proyecto seguía apareciendo.

Cómo prioricé

Ordené todo por impacto y por cuánto afectaba la confianza en el producto:

  1. Lo que rompía el uso: los errores 404 y los estilos que no se aplicaban.
  2. Lo que contradecía el mensaje: las fallas de accesibilidad del propio sitio y la herramienta que aprobaba textos malos.
  3. Lo que prometía de más: herramientas que no analizaban, datos sin fuente, garantías que nadie puede dar.
  4. Lo que definía el posicionamiento: pasar de «suite de herramientas» a contenido con autora, donde las herramientas son apoyo.

Qué cambié

  • Reescribí el analizador de lenguaje con el índice Szigriszt-Pazos (escala INFLESZ), pensado para el español, y seis chequeos que marcan el fragmento exacto y sugieren cómo resolverlo. El mismo texto de prueba ahora da «normal» y señala 13 casos de jerga, siglas o frases burocráticas, 2 pasivas y un enlace genérico.
  • Convertí la sección de contenido y redes en una herramienta real que detecta letras decorativas y devuelve el texto con letras de verdad.
  • Pasé de cinco herramientas a tres. Los checklists de audio y de ritmo quedaron dentro de sus guías, donde tienen más sentido.
  • Corregí la accesibilidad del sitio: etiquetas, anuncios de resultados, foco al cambiar de página, nombres de enlaces únicos, jerarquía de títulos y respeto por «reducir movimiento».
  • Reemplacé las estadísticas sin respaldo por datos de la OMS y del informe WebAIM Million 2026, con enlace a la fuente.
  • Sumé mi voz: guías firmadas, «el error que más veo» al inicio de cada una y esta misma página.

Resultados

errores automáticos (axe) en todas las páginas, incluido el WCAG 2.2 AA
0
título principal por página, con nombre de pestaña propio
1
chequeos reales en el analizador de lenguaje, con sugerencias
6
herramientas en lugar de 5: menos, pero que cumplen lo que prometen
3

Las pruebas automáticas detectan alrededor de un tercio de los problemas posibles. Por eso las combiné con revisión manual y navegación con teclado.

Lo que me llevo

  • La IA acelera, pero no audita. Generó en horas algo que parecía terminado. Los errores más graves estaban justo donde no se ven: en el código y en la lógica de las herramientas.
  • Prometer menos genera más confianza. Tres herramientas que funcionan valen más que cinco que dicen hacer cosas que no hacen.
  • La coherencia es el producto. En accesibilidad, lo que enseñás y lo que hacés tienen que ser lo mismo.

Qué sigue

Falta lo más importante: probar el sitio con personas que usan lectores de pantalla y con creadores mientras preparan una publicación real. Las pruebas automáticas y mi revisión son el piso, no el techo.

¿Querés una revisión así para tu marca o tu sitio?

Reviso contenido, productos digitales y redes con este mismo método.

Conocé mi consultoría en accesibilidad (en mapabianchi.online, se abre en otra pestaña)